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IMPRESIONES DE UN CAMINANTE
Nuestra andadura comienza en una gasolinera de Guadalajara, allí me
reúno con un grupo de compañeros de los cuales no sabía absolutamente
nada, salvo de Barkero y Cesar, con los cuales tendría que compartir
experiencias y aventuras. Para empezar a conocerlos se viene en mi coche
Mariano un tipo fuerte, con cara de buena gente y que resultaría ser un
compañero de marcha increíble. Llegamos los primeros a Benasque a eso de
las 14:20, antes que nuestros compañeros que hicieron un alto en el
camino; ya desde el pueblo, nos hacíamos una idea de los paisajes tan
maravillosos que nos esperaban, altas montañas, prados verdes, y sobre
todo mucha agua. Cuando estuvimos todos juntos iniciamos la marcha hacia
nuestra primera parada, el hospital de Benasque, un prado a especie de
parking donde
pudimos dejar aparcados los vehículos, allí me lleve mi primera sorpresa
cuando vi como pasábamos de senderistas de montaña a domingueros en un
segundo, lo mismo que tardó Mary en montar un mantel y sacar toda clase
de “viandas” con las que, supuestamente, haríamos mejor el camino. Esta
circunstancia de cambio brusco de personalidad se dio bastante a menudo
y no siempre incitada por Mary dicha sea la verdad. Una vez terminada la
comida y tras el primer acto vandálico de Mamen, tirar un kilo de pasta
en el césped que Mariano tuvo que tapar con una piedra, continuamos el
camino hacia la segunda parada del día, un lugar llamado la Besurta a la
cual nos acercó un viejo autobús en unos 15 minutos en los que no
parábamos de admirar el paisaje por las ventanillas.
Desde la Besurta situada a unos 1920 metros teníamos que subir hasta el
primer refugio llamado La Renclusa situado a 2140, en un kilómetro en
línea recta 100 metros de desnivel, que según las indicaciones sería un
paseo de 40 minutos solamente, pero que serviría para darnos cuenta de
que el grupo no andaba sobrado de fuerzas que digamos, salvo
excepciones. La marcha la inició Mariano siempre dispuesto a ir en
cabeza y Chuti que no le iba a la zaga, tras ellos empezaron Cesar,
Lorena y Mamen, Barkero, Carlos, Mary y yo cerrando el grupo, en parte
debido al peso de un “neceser” rojo que me encasquetaron como si fuera
la pardillada de la “vara partía” que así se hacía llamar este grupo de
personajes tan dispar. Al poco de empezar, ya nos dimos cuenta de que
tardaríamos más de 40 minutos en subir, porque a los 10 minutos ya
estábamos parando para echar toda clase de fotos; al paisaje, a los
compis, al francés que baja, a todo el mundo…. Tras reiniciar la marcha
ya se podía ver que Mariano y Chuti iban sobraos, Carlos a pesar de
tener la rodilla mal, marchaba a buen ritmo, Cesar, Barkero y yo íbamos
bien, Mary tenía algún problemilla con la colocación de la mochila que
arregló y empezó a ir mucho mejor, cosa que se notaba en como abrazaba a
los árboles (curiosa afición), y Lorena y Mamen venían más justas y
había que parar de vez en cuando para que recuperaran el aire, momento
que Mamen aprovechaba para tirarse al suelo casi desplomándose.
Pero ahí estaba Mariano!!! Subió al refugio y bajó para cargar con
mochilas y que fuésemos todos mas ligeros, aunque mi neceser pesaba cada
vez más. Tras estos avatares y por un camino con los primeros paisajes
que nos impresionaron, llegamos al refugio de la Renclusa, donde nos dio
tiempo a que Mariano
se duchara con agua caliente y todos los demás con un hilo de agua fría,
para luego bajar a cenar a las 7 de la tarde!!! Una hora poco habitual
para el grupo, mas acostumbrado a los horarios del sur. En la cena nos
recibió la “capataza” una chica con un humor que no acabó de convencer a
todos y que nos instruyó en la convivencia de refugios, ya que parecía
que habíamos ido a un hotel de vacaciones, pero ella nos hizo ver que no
era así. Después de cenar una sopa, unos macarrones con más orégano que
macarrones y un trozo de beicon que solo vio Mary, unas salchichas y de
postre unas natillas a las que más de uno y una quería echarle canela de
más… y tras charlar un rato comentando el viaje, la subida, le
preguntamos a un chico del refugio que ruta podíamos hacer al día
siguiente, teniendo en cuenta nuestra forma física que algunos quisieron
echar por tierra totalmente diciendo que lo más que habíamos echo era
subir al calvario. Nos fuimos a dormir a una hora aún menos común que la
de la cena, eran las 10 DE LA NOCHE ni las gallinas se acuestan tan
pronto. Después de hacer mucho ruido con los sacos, subiendo a las
literas, moviéndonos de un lado a otro, y llenando la habitación de un
olor que acabaría por convertirse en familiar de un repelente llamado
Autan, nos dispusimos a dormir entre los ronquidos de los inquilinos de
enfrente y el murmullo de Mary que era la que menos sueño solía tener y
la última en callarse y la primera en empezar a hablar aunque algunos
dijeran que era yo; cosa totalmente FALSA.
La primera noche fue extraña, primero por la hora de acostarse, y
segundo porque entre los ronquidos de la gente y el movimiento de gente
con luces en la cabeza no hubo quien pegara ojo, pero si la hora de
acostarse era extraña para nosotros no lo era menos la de levantarse,
las 5 de la mañana!!! Nosotros nos hicimos los remolones pero a las 6 ya
estábamos en pie.
De
este primer día todos sacamos la conclusión de que al siguiente refugio
iríamos menos cargados, porque la subida había sido bastante
frustrante, en parte por el peso de las mochilas, llenas de comida,
demasiada ropa y algún lujillo estilo aceite Johnson, proteínas, etc.…
que igual podía sobrar, digo yo.
Este segundo día después de un buen desayuno en el que, como no, la
capataza nos llamo la atención, decidimos hacer una ruta sencilla la
cual nos aconsejó el chico del refugio. Se trataba de una
ruta circular en la que tendríamos que ir del refugio al pico Paderna
pasando por un lago (ibón) y vuelta
al refugio por detrás del pico tras supuestamente encontrar una cabaña y
un pino enorme con dos zarpazos
de oso. A eso de las 8 iniciamos la marcha, como siempre Mariano y Chuti
marcaban un ritmo bastante
fuerte, enseguida el camino comenzaba a remontar un pequeño arroyo que
salía entre las piedras por cualquier sitio, tras pararnos para tomar
las fotografías de rigor, continuamos siguiendo el curso del arroyo
hasta llegar al ibón de la Renclusa, desde donde fuimos siguiendo los
hitos de piedra que nos marcaban el camino hacia el collado de Paderna,
en poco más de 15 minutos nos situamos en la falda del pico y comenzamos
a subir al collado por una pendiente bastante dura que a más de uno se
le hizo interminable, y que realizamos llevándonos algún sustillo entre
resbalones y bloqueos como el de Chuti que por un momento no sabía si
“palante” o “patrás” pero que consiguió solv entar
con las indicaciones de todos. Una vez en el collado nos detuvimos a
contemplar los paisajes que
nos rodeaban, con valles y montañas increíbles, desde allí decidimos
subir al pico de Paderna ya que era un pequeño paseo en el que todos
hicimos cumbre en el primer pico de los Pirineos de 2622 metros. Tras la
foto de cumbre y un rato de mucho aire iniciamos el descenso hacia un
nevero en el que aprovechamos para tocar el hielo a día 1 de julio, algo
diferente a lo que estamos acostumbrados. Después continuamos nuestro
camino hacia el bosque de Paderna donde nos esperaba la cabaña con los
zarpazos de oso. Tras un rato de pateada fuimos a hallar la cabaña y 1ª
decepción cuando vimos que se trataba de ocho o diez palos colocados de
manera que pareciese un techado, y tras eso la 2ª decepción cuando no
fuimos capaces de ver los dos zarpazos de oso, aunque Mary creía verlos
en un árbol, aunque más bien parecían arañazos de gato.
Tras las decepciones decidimos hacer una parada para comer y descansar
un poco,
pasando de senderista a domingueros. Tras el merecido tentempié, sin
apenas descansar, debido a la alergia a la siesta que parece tener la
vara partía, reanudamos el camino dirigiéndonos hacia una parte de media
montaña por la que parecía discurrir algún tipo de sendero que sólo
Mariano alcanzaba a reconocer. En este tramo Barke tuvo la suerte de ver
un ciervo y Chuti algo que el dijo ser un “gato grande”. Este tramo se
hizo pesado al no haber vereda y estar saltando como las cabras por
encima de troncos y piedras, todos nos alegramos al divisar el refugio
sabiendo que en poco tiempo podríamos descansar los pies y darnos una
ducha. A eso de las 14 horas estábamos en el refugio, en un principio
contentos por todo lo que habíamos visto
pero
que se desvaneció un poco al entrar en lo que llamamos los “eternodías”
ahora nos tocaba pensar en que hacer durante 8 horas, primero intentamos
ducharnos, cosa que no pudo ser por falta de agua caliente, tras eso
Chuti cogió la guitarra y nos bajamos a la cafetería donde entre
cafetitos, cerveza y alguna copa, se sucedían las peticiones de temas de
extremo, purpple, ajierro, etc… pero el momento estelar lo puso Carlos
que se marcó un blues que nos dejó con la boca abierta a todos. Así
pasamos la primera parte de la tarde, hasta las 7 hora de la cena con
sopa, albóndigas, flan y poco más.
Tras la cena, nos volvimos a enganchar a la guitarra en la habitación,
hasta que la
capataza nos dio su toquecito de atención, y nos desterró a una ermita
situada enfrente del refugio que parecía la entrada a las minas de Moria.
Allí permanecimos un buen rato cantando y pensando en la ruta del día
siguiente que se debatía entre acercarnos a un glaciar o hacer el camino
al paso de Francia opción que al final salió vencedora.
Después de un rato volvimos al refugio a charlar un poco para luego
acostarnos sobre las 22:30 siendo los últimos como siempre. Subimos y
empezamos nuestro ritual, el olor a autan, las charlas del lado
femenino, los ronquidos del masculino, las subidas a las literas que
parecían un tres mil, los tapones de papel higiénico, y todas esas
cosillas que hacemos todos antes de acostarnos.
El lunes nos levantamos igual de temprano, sobre las 6 y además había
que aprovechar el día ya que la ruta al paso de Francia era bastante
larga, a eso de las 7:30 iniciamos el camino de bajada de la Renclusa
hacia la Besurta, una vez allí nos dirigimos hacia el paso, un sendero
denominado camino del portillón de Benasque en zig-zag, bastante
prolongado debido a que el desnivel a superar era bastante grande. Tras
acabar el zig-zag, tomamos un camino que se dirigía hacia
los picos de la tuca de la mina y el pico de salvaguardia, este era un
camino
sencillo que transcurría entre pequeños ibones llamados de villamuerta,
y que nos llevaba hasta lo que eran las ruinas de una casa. Desde este
punto el camino comenzaba a subir de nuevo con una gran pendiente hasta
lo que realmente era el paso de Francia, lugar al que llegamos todos y
que nos dejo un poco desilusionados al no poder ver absolutamente nada
de Francia al estar totalmente cubierto de nubes; una pena porque la
vista debía ser maravillosa. Después de admirar el paisaje que quedaba
en el lado español a un lado el valle de Benasque y al otro el parque
natural de Pos ets-Maladeta,
el grupo se divid ió
en dos, por un lado Chuti, Lorena, Barke, Mamen, Carlos, y Mary
decidieron bajar a las ruinas de la casa y por otro César, Mariano y yo
decidimos subir al pico de salvaguardia a 2738 metros. El camino fue
fácil, salvo por un paso en el que había que agarrarse a un cable de
acero para no despeñarse colina abajo, una vez pasado esto la vereda se
veía muy bien. Hicimos cumbre con un viento muy fuerte que vino bien
para que las nubes no
pasaran de Francia a España y nos complicaran la bajada. Una vez arriba
nos tomamos toda serie de fotos, y estuvimos
aprovechando para llamar a la gente ya que teníamos cobertura en muy
pocos sitios. Tras estar un rato en la cumbre iniciamos la bajada con
mucha precaución ya que el desplome era importante y en el camino de
bajada tuvimos la suerte de que un buitre pasara a no mas de 15 metros
por debajo de nosotros, pero no tuvimos tiempo de poder fotografiarlo,
una pena. Bajamos a reunirnos con nuestros compañeros, que convertidos
en domingueros nos esperaban con unos sándwich de paté con jamón que
sabían a gloria. Tras estar un rato allí iniciamos el descenso nada más
terminar de comer (como no), con la desilusión de no haber visto Francia
pero encantados con los paisajes tan maravillosos que se veían desde lo
alto. En el descenso nos quedamos atrás Cesar, Carlos y yo, haciendo
fotos como casi siempre, y nos reunimos con el grupo en la Besurta donde
el grupo volvió a dividirse, unos optamos por subir al refugio Chuti,
Lorena, Carlos y yo y los otros cinco se fueron hacia Aigüalluts parte
que me perdí y que me consta fue de lo más bonita y divertida.
[Recordatorio de los que fuimos a Aigualluts] Después de que nuestros
compañeros decidieran regresar a la Renclusa para descansar, eran sobre
las 15.00 cuando Mamen, Cesar, Bark, Mariano y Mary decidimos continuar
nuestro recorrido hasta el Aigualluts porque todavía nos quedaban
fuerzas. Aquella zona prometía ser un lujo
para la vista y no estábamos dispuestos a perdérnoslo. Empezamos
visitando el Ibón de Villamorta y de camino al segundo Ibón nos
encontramos una familia que nos recomendó que nos ahorráramos la subida,
con lo cual seguimos la andadura, que no era corta, por un sendero
bastante concurrido y bien señalizado (Mariano como siempre a su bola,
atrochando a diestro y siniestro). Nos paramos a fotografiarnos en una
pequeña Cabaña de pernocta y ante un paisaje verdísimo e impresionante
nos estuvimos inmortalizando a nosotros mismos. Siguiendo la ruta
encontrábamos algunas oquedades enormes del terreno, se ve que eran
producidas por la gran cantidad de agua subterránea, incluso en algún
momento hundían parte del camino y había que coger otros senderos para
seguir. Así llegamos a una zona dónde el río se ocultaba bajo tierra y
desaparecía, ha bía
que subir para ver la cascada, el salto y el recorrido del río por los
llanos de Aigualluts, que a medida que ascendíamos nos iba dejando más
absortos de lo impresionante y bonito que era. El agua saltaba por las
piedras y nos salpicoteaba revoltosa y aunque estaba muy fría Mamen no
pude resistirse y se quitó las botas para remojarse los pies. Hacía un
sol espléndido, el paisaje era espectacular y nosotros estábamos en el
paraíso, un Valle inmenso, tan verde, con aquellas montañas al fondo… la
tentación era clara así que nos tiramos panza arriba disfrutando de
aquel entorno.
Cruzaba
el río de aguas heladas alegremente un personaje que nos llamó la
atención y con el que estuvimos charlando un rato, era Francés, venía de
la Bretaña por el paso Francés dónde nosotros habíamos estado esa misma
mañana , nos contó que había dormido al lado de la Renclusa en una
tienda de campaña que siempre llevaba a cuestas y esa mañana se había
“hecho“ el Aneto (allí lo de hacerse el Aneto es como aquí el que va a
Belén ) esa misma tarde se dirigía al Valle de Arán (Lérida) para
hacerse otro 3000, llevaba meses caminando sólo y por la forma física y
lo curtido que estaba dedujimos que se trababa de un aventurero
empedernido, con él compartimos batallas y algún Kit-Kat ,la verdad es
que ya nos iba haciendo falta un tentempié después de la andadura que
llevábamos. Nos indicó para volver a la Renclusa y nos dispusimos a
cruzar por aquellas aguas heladas, que no tenían apenas medio metro de
profundidad, pero fueron una odisea para nosotros que no estamos
acostumbrados a esas temperaturas. Mariano y Mamen fueron los primeros,
mientras César y Bark buscaban un paso más
somero
y cómodo para pasar Mary se lanzó por el mismo sitio por dónde habían
pasado el Francés, Mariano y Mamen, el resultado fue que se quedó
atascada en medio del río, el agua le llegó a la altura de los
pantalones que empezaron a desenrollarse y a pesar tanto que le impedían
avanzar, transcurrían los segundo y paralizada en aquella situación, las
piernas empezaban a coger una temperatura polar y Mariano como siempre
al rescate de damiselas en apuros le lanzó su típica vara partía con la
que por fin lograron sacarla. César y Bark pasaron por un sitio más
cómodo, cosa que no impidió que la definiera como la peor experiencia de
su vida (Bark es alérgico al agua fría) pero lo peor estaba por venir.
Después de reírnos de nosotros mismos e intercambiar pantalones, ya que
los de Mary quedaron totalmente mojados y César tuvo que quedarse en
bañador para prestarle su famoso pantalón “rosa palo”. Nos dirigimos a
la Renclusa y a ver quien daba con ella, porque la verdad sea dicha nos
perdimos y aunque Mariano se empeñaba en atrochar aquello parecía que no
llegábamos nunca, el cansancio iba haciendo mella en todos y a las 18:00
estábamos bastante agotados, pero había que seguir subiendo y subiendo,
cada montículo parecía ser el último , pero no, los collados se sucedían
interminablemente, cuando por fin llegamos a divisar el refugio, nos
dimos cuenta que había una bajada bastante pronunciada y no sabíamos por
dónde cogerla, menos Mariano que cuando nos dimos cuenta ya había
bajado, Bark intentó bajar por el mismo sitio que él, mu’ flamenco ,pero
después de resbalar varios metros sujetándose no se sabe dónde, perdió
la confianza en sí mismo y los últimos metros fueron interminables hasta
llegar a Mariano. Mary que estaba intentando bajar por el mismo sitio
desistió ante la experiencia poco grata de Bark y decidió bajar por
dónde estaban César y Mamen, o sea intentando el descenso por unas
piedras cercanas, que la verdad, tampoco inspiraban mucha confianza, al
fin conseguimos llegar al refugio, lo que nos alegró bastante,
llevábamos tantas horas fuera .Fue la primera vez que tuvimos hambre a
la hora de la cena.[Fin de Aigualluts]
Una vez en el refugio, todos conseguimos ducharnos con agua caliente al
fin, algo que agradecimos porque aquello empezaba a oler mal y nunca
mejor dicho. Después nos sentamos a charlar sobre temas cotidianos que
era nuestra forma de pasar el tiempo en aquellas tardes interminables.
Esa noche dormiríamos todos en la misma habitación ya que nos habían
encasquetado como 30 niños en las habitaciones contiguas, pero antes
degustamos otra cena que esta vez resultó ser la misma del primer día
con la pasta con or égano,
salchichas, sopa pero esta vez con natillas de chocolate. Tras la cena
colocamos las mochilas para
la bajada del día siguiente, saldamos
cuentas
que costó un huevo ya que
pagamos varias pardilladas que mejor no contar…. Y nos subimos a dormir,
bueno mejor dicho a charlar. Fue un rato bonito, hablamos, César se
inventaba historias, Chuti hacía el cristo entre dos literas, y algunos
tratábamos de imitarles ante la insistencia de las chicas que nos pedían
hacer el “ángel sin alas” cosa que no conseguimos. Tras este buen rato
nos acostamos y fue la única noche que sólo tuvimos que aguantar los
ronquidos del compañero, cosa que se agradece de verdad.
A la mañana siguiente tras desayunar iniciamos el camino de bajada a la
Besurta, algunos tenían bastante cargadas las piernas y rodillas porque
las rutas iban castigándolas poco a poco, pero todos bajábamos a buen
ritmo y pronto llegamos a la Besurta donde esperamos el autobús que nos
llevaría hasta los coches. Una vez allí todos nos afanamos en descargar
las mochilas lo máximo posible ya que nos esperaba una subida más larga
y por lo que nos decían más dura que la primera que hicimos y esta vez
no queríamos que nos cogiera desprevenidos. Una vez descargado todo, nos
acercamos a Benasque y Eriste donde cogimos toda clase de información
sobre el refugio al que íbamos. Y aquí empieza la segunda parte del
viaje.
Tuvimos que subir en coche por un camino bastante malo, hasta llegar a
un descampado
donde podíamos dejarlos y subir andando. Aquí volvimos a montar el
chiringuito para comer ya que era bastante tarde para las horas a las
que estábamos acostumbrados. Una vez que comimos iniciamos la ruta
mochila al hombro sin apenas 5 minutos de reposo, con lo cual la subida
se hacía mas cuesta arriba aún. Nada más empezar a andar nos encontramos
con una cascada increíble denominada de
las Espanticosa y que se llevó su sesión de fotos correspondiente. Tras
cruzar un puente iniciamos la subida por un camino plagado de árboles
que nos daban mucha sombra, cosa que se agradecía bastante, el paisaje
era precioso y poco a poco íbamos entrando en calor, aunque la gente
andaba un poco cascada
del día ant erior
con la ruta tan larga que hicimos, era nuestro cuarto día y las piernas
empezaban a
pesar.
A todos
menos a Chuti que hizo el recorrido de 1’15’’ en tan sólo 50’, más tarde
llegarían Mariano, Mamen, Carlos, y al final César que iba tocado, Mary,
Lorena, Bark y yo. El último tramo de esta subida nos costó bastante a
todos, de hecho su nombre lo dice todo “rompechulos”. Una vez allí
tras darnos una habitación con literas corridas y dos cuartos de baño,
lo primero que hicimos tras colocarnos fue darnos una ducha bien
caliente ya que en este refugio sí parecía
que el tema ducha funcionaba bien. Después bajamos a la cafetería donde
hicimos tiempo
hasta la cena conociendo gente, entre ellos a una pareja mayor de
Zaragoza, Víctor y Loli que nos contaron sus subidas a tres miles y
diciéndonos la ruta que iban hacer al día siguiente, mientras nosotros
decidimos llegar hasta una serie de lagos cerca del pico que iban a
subir ellos. Así pasamos la tarde hablando con unos y otros, leyendo
revistas, viendo mapas, hasta la hora de la cena que siendo a las 8 ya
nos parecía hasta tarde; aquí la cena consistía en sopa, pasta, carne y
flan, creo… Después de cenar continuamos charlando con los nuevos amigos
que hicimos, hasta eso de las 10:30 un poco más tarde que en el otro
refugio cosa que agradecimos. Sobre esa hora subimos a dormir y como no
habíamos puesto nuestros sacos, nos encontramos con la sorpresa de que
no estábamos colocados como nos hubiera gustado, y la mayoría acabamos
durmiendo en un lado, teniendo por compañero a un desconocido que tan
pronto roncaba como se movía mucho, y así pasamos la noche sin que
hubiera mucho ruido salvo un rato que Mariano con su arreo, cortó de
manera casi instantánea.
A las 6:30 estábamos
arriba para tomar el desayuno a eso de las 7, a base de zumo, leche,
tostadas, galletas, etc…El día amaneció bastante malo, y nadie en el
refugio daba el primer paso para iniciar la marcha, todos esperábamos a
que abriera un poco, algo que empezó a ocurrir a eso de las 8:30,
entonces decidimos iniciar la marcha como toda la gente.
El camino que cogíamos era el mismo que llevaba hasta el Posets, pero
nosotros deberíamos
desviarnos hacia una cabaña que había en mitad de una ladera, se trataba
de un camino bastante pedregoso aunque estaba bien indicado y en poco
tiempo alcanzamos el desvío hacia la cabaña. Tuvimos que atravesar un
arroyo que venía con bastante agua y nos dio algún que otro quebradero
de cabeza. Continuamos a buen ritmo llegando a la cabaña
en
poco tiempo, una cabaña de piedra con techo de Uralita en la que por los
escritos de
dentro
hacían
noche o pasaba mucha gente, entre ellos Mary que se encargó de dejar
constancia de nuestro paso marcando la puerta. Tras un descanso
reanudamos la marcha hacia los ibones, el camino no era demasiado
difícil y conseguimos llegar al primer ibón en unas tres horas desde que
salimos del refugio. U na
vez en el ibón nos detuvimos para hacer muchas fotos de toda clase y a
todo el mundo, algunos
desaparecieron dándonos algún que otro susto como César, Mary o
Lorena por nombrar tres al azar, y tras las sesiones de
búsqueda y fotografía nos pusimos a comer.
Tras el descanso nos estuvimos moviendo entre los ibones donde nos
encontramos con unas paredes muy buenas para hacer trepadas, y César,
Mariano, Mary y yo nos enganchamos como salamanquesas mientras Carlos
echaba alguna foto. Eran trepadas sencillas de no más de 4 metros y con
muchos agarres, pero con las botas de montaña era complicado apoyarse en
las piernas y había que tirar mucho de brazos, lo que hacía que se
cargaran demasiado. En este punto Chuti, Lorena, Mamen, se habían vuelto
hacia el refugio y Carlos no tardó en hacerlo debido a que su rodilla
comenzaba a decir basta. Aquí los que quedábamos decidimos ir a hacer
cumbre a un pico que se veía enfrente de nosotros de 2821 metros,
iniciamos el camino siempre guiados por Mariano que como no, se dedicaba
a atrochar collados. El caso es que el inicio fue algo duro, no cogimos
ninguna vereda y los pasos no eran de lo más seguro que digamos, pero
tras una media hora fuimos a dar a un sendero más o menos indicado que
nos llevaría al collado de la Plana, desde donde atacaríamos la cumbre,
pero antes nos dio tiempo a que Mariano se entretuviera con una rana que
cogió en una charca y los demás repusiéramos fuerzas en un arroyo,
cogiendo agua que íbamos bien escasos. Aquí Mary y Barke decidieron
esperarnos sin llegar a subir a la cima, y nosotros tres después de
descargarnos un poco nos dirigimos hacia el collado, y en poco más de 15
minutos estábamos en el ibón de la Plana, desde donde decidimos acortar
el camino de la cresta y comenzamos a subir por una ladera con piedra
suelta que no nos daba demasiada seguridad. Una vez pasado este tramo
nos encontramos con una cresta de roca de unos 6 metros de anch a por la
que teníamos que ir saltando las piedra, las cuales tenían buen agarre
pero siempre sabiendo que a ambos lados había caídas de 200 metros y en
este caso por un lado bastante más. En poco tiempo conseguimos alcanzar
la cima los tres, y allí permanecimos durante un rato echándonos las
fotos de rigor, y pasando bastante frío porque corría un aire bastante
fuerte. Desde lo alto teníamos una vista increíble, con el Posets y el
Bardamina de frente y toda una serie de ibones debajo nuestro, incluido
el ibón del Posets o negro, eso por un lado, y por el otro pudimos ver
una manada de sarrios a la cual vimos desplazarse con gran velocidad
entre los neveros que había, como si nada.
Tras un rato contemplando todo esto, iniciamos el descenso hasta
encontrarnos con Barke y Mary y ya todos juntos descendimos hasta el
ibón de Eriste desde donde cogimos el camino de vuelta al refugio,
aunque esta vez nos equivocamos y fuimos por un camino unos metros por
debajo del de la mañana y eso nos hizo encontrarnos con una cascada
preciosa y también que pasáramos algún trozo de piedra mojada que nos
gustó mas bien poco, todo para poder subir hasta el camino inicial que
era más cómodo y menos peligros. Al llegar a la cabaña nos detuvimos un
rato a descansar y cuando íbamos a salir nos paramos a esperar a
nuestros amigos zaragozanos que volvían de subir al Bardamina y que como
nosotros, también había vuelto por el camino de abajo, y tuvieron que
subir al de arriba aunque las explicaciones que intentamos darles de
lejos no sirvieran de mucho.
Una vez todos en la cabaña nos volvimos juntos, ellos y Mariano con un
paso más ligero que el de los demás pero juntos. Llegamos hasta el
arroyo de por la mañana, donde debido al calor del día era mucho más
difícil de cruzar porque traía muchísima más agua, pero al final
conseguimos cruzarlo e iniciar la bajada al refugio, porque desde este
punto todo era bajada, que cada vez se hacían más penosas debido a los
cinco días que ya empezaban a notarse en las rodillas. Tras una buena
pateada llegamos al refugio, donde nos esperaban nuestros compañeros que
a parte de asearse y descansar y seguir haciendo amigos, habían iniciado
las primeras rondas de cerveza. Después de ducharnos nosotros, bajamos a
la cena que la teníamos bien merecida.
Tras cenar
estuvimos tomando unas copitas de ron que habíamos subido y
preparando la excursión del día siguiente cuya intención no era otra que
la de subir algún 3000, nosotros nos inclinábamos por la Forqueta 3009,
y en el refugio nos recomendaban el Pavots en torno a 3100, al final
cogimos el primero entre otras cosas porque Víctor y Loli lo iban hacer
y decidimos mandar a Mariano con ellos para que se sintiera más a gusto
con alguien con más ritmo que nosotros y luego saldríamos nosotros a
nuestro ritmo y si podíamos intentar subir detrás de ellos fenomenal.
Al final al grupo de cabeza se unió Chuti, y por otro lado quedamos los
demás, salvo César que muy a su pesar tenía que ir de bajada para ir a
Barcelona, pero tiró hacia abajo con una pareja que también conocimos en
el refugio con lo cual se le haría más amena.. Tras nuestras charlas
subimos a acostarnos y aquí empezó la peor noche que he pasado en los
pirineos, nada mas acostarnos Chuti se marcó un solo de…ronquidos
treme ndo, mas tarde para ir cogiendo ritmo enfrente acompañó otro en
plan Eric Clapton, pero por si fuera poco el dúo, debajo se les unió
otro tío más, allí no había quien durmiera entre ronquido a tres bandas,
gente arreando, la ventana que se abría, Mariano que se cagaba en to lo
que está escrito, yo desquiciado, ni para arriba, ni para abajo, ni de
lado, ni con tapones de papel en los oídos, era imposible. Al final no
se como pude quedarme dormido un par de horas, desde luego fue la peor
noche que yo recuerde.
A eso de las 6 ya andábamos dando vueltas y preparándonos para el
desayuno y la nueva ruta. Al terminar el desayuno Mariano, Víctor y Loli
y Chuti iniciaron su marcha y a los 30’ después de despedirnos de César
salimos nosotros, en principio partimos todos pero a los pocos metros
Carlos se tuvo que dar la vuelta porque su rodilla ya no respondía, y
nosotros poco a poco fuimos ganando terreno a la ladera. Teníamos que
hacer el mismo recorrido que el día anterior pero esta vez tendríamos
que coger el desvío que se dirigía hacia el Posets en lugar de ir hacia
la cabaña. La verdad es que el ritmo que llevábamos era bastante
tranquilo, como no parecía una ruta larga decidimos ir con calma y
disfrutar del paisaje ya que teníamos que seguir el curso del arroyo
hasta su desagüe que empezaba en el i bón
de la Llardaneta. Había muchos neveros y cuando tuvimos que cruzar el
arroyo nos quedamos sorprendidos de cómo en las zonas de sombra de las
rocas estaba todo el agua helada, formando figuras curiosas e incluso
pequeñas estalactitas. Un poco mas arriba nos encontramos con Chuti que
venía bajando porque tenía un dolor de cabeza bastante gordo el cual no
sabemos si atribuir al cansancio o en parte a la resaca de las
cervecitas y el pacharán del refugio. Después de dudar sobre el camino a
tomar, las cuales nos res olvió
un chico que iba camino del Posets fuimos a parar al ibón de la Llardaneta
quedándonos impresionados; primero por el tamaño ya que era el más
grande que habíamos visto y segundo porque había partes del lago que
todavía estaban congeladas, eran como pequeños iceberg flotando de un
lado a otro. Tras hacernos varias fotos y observar que Mariano, Víctor y
Loli habían subido al pico y nos hacían señas desde lo alto iniciamos de
nuevo la marcha bordeando el lago, pero antes Lorena se encargó del
nuevo acto vandálico del grupo, lanzar una piedra a uno de los témpanos
de hielo de la orilla para hacerle un agujero. Como decía iniciamos el
camino hacia el collado de Eriste, última subida de unos 200 metros con
un desnivel muy elevado y con
una pendiente final muy inclinada y peligrosa ya que todo era tierra
suelta y te
podías resbalar fácilmente, esta era la parte más dura que nos quedaba
por subir
antes de intentar subir al pico de la Forqueta, ya que el collado estaba
situado a 2890 metros. Conseguimos
llegar al collado unos mejor que otros, ya que Mary pasó un mal rato en
un paso que la puso un poco nerviosa, pero conseguimos llegar y allí
nos esperaba Víctor, Loli y el incansable Mariano que estaba como una ro sa.
Tras despedirnos de los maños, iniciamos la subida a la Forqueta, a
nosotros se unieron tres chicos de Madrid que habían llegado al collado
a la vez, pero la que se lanzó de cabeza fue Mamen que iba saltando como
una gacela de roca en roca por la cresta que teníamos que subir. Se
trataba de una cresta de roca con muchos agarres tanto de manos como de
pies, y bastante ancha, aunque había tramos en los que se estrechaba y
dejaba ver unas caídas importantes a ambos lados, era sencilla pero
cualquier mal paso te podía dar un disgusto, porque era pasar de 3000 a
2700 metros que estaba la parada en el ibón de abajo.
A mitad de camino Mamen iba que se las pelaba, pero Lorena, Mary y Barke
dijeron que no seguían, yo en mi afán porque la mayoría pisáramos un
tres mil insistí pudiendo convencer a Barke lo cual animó a Lorena y
Mary y poco a poco, paso a paso Mamen primero y
después nosotros cuatro,
conseguimos hacer cima en
nuestro primer 3000, estábamos bastante con tentos
y
en la cima había bastante gente. A parte de nosotros
estaban los chicos de Madrid y tres
hombres
que
llegaron
poquito después. Desde arriba
había unas vistas magníficas a los
dos
lados del
pico.
Después de la parafernalia de rigor incluido el maquillarme la cara,
comenzamos la bajada, Mamen
bajaba
más rápido aún de lo que había subido,
mientras que el resto nos lo tomamos con
más
calma e
iniciamos
el
descenso poco a poco, íbamos tranquilos pero Mary tuvo un pequeño
bloqueo de coco y entre Barke, Lorena y yo tuvimos que echarle una mano
y ayudarla a bajar con paciencia. Al final conseguimos llegar todos
sanos y salvos al collado donde nos quedamos comiendo y recuperando
fuerzas para la bajada. Comenzamos la bajada todos
juntos,
unos por la vereda de tierra y piedra y otros pegados a las rocas, y al
llegar al final Mamen y yo nos tiramos por un nevero como si fuésemos
esquiando, nos lo pasamos genial y se nos dio bastante bien para ser la
primera vez que lo hacíamos. Una vez abajo nos dedicamos a disfrutar del
paisaje alrededor del ibón de la Llarda neta,
teniendo la suerte de encontrarnos con un grupo de rebecos que estaban
bebiendo en el lago y que no se asustaron demasiado, llegando Barkero a
estar a poco más de 30 metros echándoles fotos de primer plano. El resto
de la bajada fue normal echando las últimas fotos y disfrutando de todo
lo que nos rodeaba hasta que llegamos al refugio donde nos esperaban
Carlos y Chuti que habían pasado lo que si debió ser un eterno día. Allí
nos dimos nuestra merecida ducha y disfrutamos de la cena y una
botellita de pacharán contándoles a nuestros compañeros las peripecias
por los tres miles que no fueron pocas. Tras el rato de charla nos
fuimos a dormir sin que esta noche los ronquidos fuesen ningún problema,
gracias a dios. Nos levantamos temprano, desayunamos y nos dispusimos a
bajar, pero esta vez esta subida que se nos hizo eterna el primer día
nos sorprendió revelándose como una ruta que sin estar hechos polvo
resultaba ser de una preciosidad increíble, y no paramos de
sorprendernos hasta la llegada a los coches como si fuera el primer día
que íbamos, cuando ya llevábamos siete días allí. Una vez en los coches
iniciamos la bajada y nos dirigimos hacia Huesca…..pero esta es otra
historia.
P.D: Gracia a dios todos volvimos sanos y salvos que se suele decir y
eso es lo importante al fin y al cabo, a cada uno esta experiencia le
habrá aportado algo, ya sea sólo el disfrute de la naturaleza o
simplemente ponerse en forma, o como en mi caso hacer numerosos amigos
con los que poder compartir muchos buenos ratos, el caso es que espero
haya servido para aportar cosas nuevas. Y no me gustaría despedirme sin
nombrar a Jorge uno de los primeros impulsores de esta aventura y que no
pudo venir, espero que en la próxima venga con todas y que nos acompañe
el pequeño Daniel que ya está entre nosotros. Un fuerte abrazo a todos.
P.D. 2: Un minuto de silencio por las BOTAS DE BARQUERO por favor.
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