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Se celebró el
Campeonato Comunidad Autónoma en Zarza Capilla
los días |
Esa
ha sido la consigna de todo “bicho volante” el pasado finde del 18 y 19 de
septiembre en la zona de vuelo de Zarza Capilla y Cabeza del Buey. Muchos había
que todavía dudaban al desplazarse hasta allí para abrir sus parapentes y
orientarlos al viento local con ánimo de dar un paso más y hacer un viajecito de
cross en una zona en la que hasta ahora sólo se había hecho termoladera. Pero el
increíble rendimiento de la totalidad de la sierra deja sin aliento al más
excéptico y, si no, que se lo digan a los últimos del domingo que no sabían si
“engancharían” con los últimos coletazos del “colchón”, después de la entrega de
premios.
Parece
que el buen sabor de boca se ha expandido en todos los asistentes ya sean
pilotos ó expectadores y es que después de haber pospuesto el evento quince días
antes y de volver a sufrir la incertidumbre de la previsión meteorológica, el
valle funcionó como ha venido haciéndolo desde mayo y nos ha regalado un finde
lleno de vuelos y buenas sensaciones en la sierra de las Poyatas.
Desde muy temprano en el despegue, el sábado, mientras instalábamos la moqueta,
el puesto de control con las bebidas y ultimábamos los últimos flecos, notábamos
el soplo fresco del aire del suroeste en nuestra nuca y temíamos lo peor, pero
cuando el sol empezó a calentar , el giro hacia el noroeste vino y se llevó el
presagio de desastre.
Los pilotos empezaron a llegar y mientras se registraban en el puesto de
control, todo estaba a punto para empezar. Vicente, con su instinto habitual,
fue el que tomó el pulso a la ladera, nada más abrir la manga, alcanzando unos
2000 metros. El resto de “buitres” no tuvo que esperar y fueron dejándonos
abajo, con la boca abierta, mientras les oíamos cantar la distancia y la altitud
a la vez que el sonido de un vario que pitaba tranquilo, se “colaba” a través de
la radio.
La prueba que consistía en llegar lo más lejos posible a lo largo de un eje que iba dirección suroeste, hacia Cabeza del Buey, y que después volvía a girar a noroeste hasta Castuera, donde habíamos puesto el “gol”. La ganancia de altura en el “start point” no pareció suponer ningún problema como tampoco lo pareció el salto desde el Torozo a la sierra del Enjugadero. El verdadero reto fue salvar el “venturi” hasta la sierra de Cabeza del Buey ya que los pilotos tenían que avanzar en contra del viento, perdiendo toda la ganancia de altura que habían conseguido girando las térmicas que volvían a devolverles en dirección sur-sureste. Varios cruzaron (Isidro, Cándido, etc) pero fue Manolo “Peluca” el que más lejos llegó (hasta Almorchón).
Paco, Víctor y yo hicimos la recogida, con la ayuda de muchos
amigos y conocidos que, de camino a la zona de vuelo para disfrutar del
espectáculo, montaban en sus coches a cualquiera que tuviera una joroba de
quince kilos en su espalda a lo largo de la carretera.
El “colchón” de la tarde fue un regalo que nos permitió volar a todos ante la
mirada de un montón de espectadores, que junto con senderistas y ciclistas, que
habían hecho la ruta trazada por el Club, se dieron cita allí. La mayor
expectación se repartió entre la salida de los biplaza de Driu, Vicente y
Javier, con Placi, Yolanda y Raúl como pasajeros y la vela con dibujo inusual
que Andrés había estrenado para su promoción .
Ya, con todo el paisaje naranja debido a la puesta de sol, se fue cerrando el grifo del aire y no me dejó enganchar el vuelo deseado después de un despegue precipitado, así que, desde la explanada del cementerio donde aterricé, me dediqué a hablar por la radio con Roberto y Alfonso, envidiándoles por lo mucho que se estaban “hinchando de volar”, pero recordándoles también lo pronto que tendrían que aterrizar debido a la falta de luz .
Después
de que todos estuvieran de vuelta al suelo, el detalle lo puso la Asociación
Cultural Las Poyatas, que nos preparó un aperitivo-cena por todo lo alto
(cochinillo, patatas al ali-oli y bebidas) e invitó a todo el que por allí pasó
después de plegar su vela. Allí mismo, aun nerviosos por el increíble día de
vuelo que habíamos pasado, veíamos las fotos que Morci (siempre rebosante de
actividad) había descargado en su portátil. Las conversaciones distendidas
y las sonrisas siempre son consecuencia de un objetivo cumplido.
El domingo nos despertó con una expectativa de vuelo más que optimista, después
de un sábado que habiendo sido incierto, se había tornado en maravilloso.
Supongo que la expectativa se cumplió cuando vimos la manga de viento actuar
como el día anterior. Con algo menos de ímpetu, fueron llegando los pilotos
después de la dosis tranquilizadora del sábado aunque, nada más comprobar que el
día “funcionaría”, Andrés fue el primero en estrenar el aire despegando y
volviendo a aterrizar, después de un par de vueltas, en el despegue provocando
en los presentes la envidia sana de una destreza que este año le había procurado
el subcampeonato de España .
La prueba hubiera sido más “fácil” que la del día anterior, de haber calentado algo más el sol. Sin embargo, la intensidad de los ciclos era menor y devolvía al suelo a quien no seguía un pilotaje atento ó con suerte de pillar las térmicas oportunamente . Así, con los “parones” que se sucedían, acompañados de una sensación de calor sofocante, que aliviábamos en el puesto de control bajo el toldo y con las bebidas que sacábamos del bidón con hielo, seguíamos el desarrollo de la prueba y realizábamos las recogidas en el aterrizaje de al lado de la gasolinera de Séneca. Mientras algunos lo llegaron a intentar hasta tres veces y otros se quedaban a las puertas, fue Driu quien consiguió su objetivo (todos le vimos trepar, girando la térmica que Ramón, unos metros más abajo no conseguía enganchar poniendo los pies en la diana que la Asociación Cultural “Las Poyatas” había puesto en el aterrizaje.
A las 18:00 horas, todos tenían la vela plegada y después de las fotos de familia de rigor, celebrábamos la entrega de premios con la presencia de la tv local. Antes de todo se le reconoció a Manolo “Peluca”que había estado por encima de los demás, llegando más lejos, pero su condición administrativa ante la federación (licencia caducada) le impedía acceder a los premios. Así pues: Driu, primero; Isidro, segundo y Javier, tercero.
No nos podemos dejar en el tintero a Roberto, que ganó el
premio al mejor novato del campeonato. Ahí le vemos en la foto con su estatuilla
de un pichón .
Luego de los formalismos, subimos para aprovechar el resto del “colchón” de la
tarde. Aparte de las pasajeras de los biplazas que se iniciaban en el vuelo con
las prisas de la puesta de sol, los locales fueron los que más disfrutaron
(Emilio, Víctor y Roberto), ya que apenas tenían que desplazarse para regresar a
sus casas.
La despedida fue todo un rosario de felicitaciones y de
deseos de volverlo a repetir. Ya veremos el año que viene. Una fiesta así, no se
olvida facilmente y todavía algunos andamos repasando mentalmente los buenos
ratos que hemos pasado, sobre todo, al ver las fotos y hablar por teléfono con
los amigos que estuvieron presentes para cambiar impresiones.
No nos olvidemos de felicitar a los socios de nuestro Club TerrAire, que
han organizado el evento junto con la FAEX. Tampoco hemos de olvidarnos de la
colaboración de los pilotos de los clubes Extremadura y La Parra, así como del
resto de pilotos de otros puntos
de Extremadura, Castilla La Mancha y Andalucía. Gracias a su esfuerzo, todo esto
ha sido posible.
De momento y a pesar de haber atravesado el equinoccio de otoño, lo que lo hará
menos habitual, volvernos a encontrar pronto en un despegue y repetir un día de
vuelo tan memorable, es nuestro objetivo más inmediato. A partir de ahora,
aunque volverá la tranquilidad a las laderas de Zarza Capilla, las encinas, las
jaras y los canchales no serán, como hasta ahora, la única compañía en los
despegues. Nosotros estaremos allí, esperando para inflar “el trapo” con el
soplo definitivo.
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Adolfo Silva. |
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