La
"compe" es otra historia dentro del mundo del parapente. El
vuelo de placer unido a la aventura que supone el viaje hasta las
balizas marcadas y la destreza a los mandos del trapo, cobran aquí su
máxima expresión.
La
prueba del campeonato en Pegalajar, este año, lleva vigente desde el jueves,
que es cuando hablamos con
Driu y nos comenta que está un poco preocupado ante la previsión
meteorológica. A pesar de todo, nosotros
ya tenemos nuestro planes y el sábado vamos a visitarles y a pasar el
día entre los fenónemos del aire.
Después
de un aperitivo en la piscina del pueblo, subimos al despegue que tienen
fabulosamente acondicionado (las fotos nos dan una idea bastante
aproximada),
con un chiringuito amplio y en el que hacen guardia dos furgonetas de
cruz roja con personal sanitario preparado para cualquier eventualidad.
Y es que con una dotación presupuestaria de unos 6.000,00 € (por lo
menos, eso es lo que nos comentan) cualquiera puede organizar un
fiestorro como este, dando popularidad a una zona de vuelo maravillosa
en el entorno natural de Sierra Mágina.
La repercusión en el pueblo se hace notar con la afluencia de
visitantes que acuden a presenciar el espectáculo y que dan un
empujoncito al turismo de una zona eminentemente rural. Es lo que nos
hace falta en La
Serena y en La Campiña Sur, donde se
acometen
proyectos turísticos de enormes dotaciones, olvidando un verdadero cebo
como es el espectáculo del vuelo libre.
Mientras
esperamos en el despegue, hablamos con Andrés (en la foto, con Eduardo
Lindo, del club La Parra y otro piloto), el presidente de la FAEX,
que nos comenta cómo han ido las pruebas y en qué lugar de la
clasificación va Driu. Recorriendo el terreno para poder ver la
evolución de los parapentes de alto rendimiento y de competición pura y
dura, charlamos con los pilotos, que nos cuentan las características de
sus máquinas surcavientos. Después tendremos ocasión de comprobar lo
que nos dicen. Aprovechamos para hacernos fotos con nuestro campeón de
España (Superdriu), junto con la campeona (Bea), a la que íbamos a
pedir un biplaza para David, que... al final se rajó!!!. Además,
pillamos a "Andresito" charlando con el que "hizo los
Alpes" (no, no, el que los construyó fue otro, hablaba del X-Alp,
la dura prueba de los Alpes, en 15 días - me parece que me dijo -) y me
hago una foto con ellos pa la posteridad. Su parapente no tiene cordinos,
sino "hilos de seda" que tienen que cortar el aire sin apenas
resistencia.
En
el despegue ya se van calentando los ánimos y se abren algunas velas.
Pero la sorpresa nos la dan las nuevas generaciones (niños de unos
10/12 años) que hacen virguerías con sus pequeños parapentes: inflan
de todas las maneras, giran, pliegan, recuperan y hasta simulan aterrizajes
haciendo el helicóptero. Hay que verlo para creerlo. Ahí están en la
foto junto con otros pilotos, haciendo control de campana.
Alguno
(Sebas) ya sale para tomar el pulso a la ladera y coge una buena altura,
lo que confirma que ha llegado el momento. Se convoca el briefing y con
atención al organizador, se graban los waypoints en los GPS mientras
nosotros pegamos bien la oreja "pa" enterarnos de "to".
También abrimos bien el ojo para cuando nos decidamos a competir. Entre
tanto, Andrés va documentando la jornada haciendo fotos de todo lo que
pilla.
Acto
seguido se prepara todo el mundo para cuando den la salida. Y es ahí
cuando pillamos nosotros al campeón del mundo de paramotor (Ramón
Morillas), que el año pasado estableció un nuevo record de altura
alcanzando más de 5000 metros sin oxígeno. Desenfundo la cámara y nos
inmortalizamos con él, que se muestra muy simpático y no tiene reparos
en dedicarnos su sonrisa. Ahí hemos visto a Roberto con él (son
igualitos).
Luego
viene el frenesí. El jueves y el viernes se proponen dos mangas de 46 y
38 km respectivamente, en las que sólo algunos llegan a gol. Y el
sábado, con la peor previsión no se empieza hasta las cuatro menos
cuarto, hora en que se abre la ventana. Esta muy nublado y son las nubes
las que ayudan a coger altura aunque nadie conseguirá llegar a gol. El
despegue se pone concurrido y salen hasta de tres en tres girando sus
"hojas de afeitar" ligeramente a la izquierda para trincar en
los pinos. La penetración era escasa y había que hacer uso del pedal.
Menuda envidia mientras les vemos subir casi sin girar. A las cuatro y
diez se tiene previsto cerrar la ventana, pero se concede una pequeña
prórroga debido al lapso en que tuvo que cerrarse, al endurecerse las
condiciones.
El
startpoint se puso a un kilómetro y desde allí tiene que venir toda la
escuadra hasta la vertical del despegue para comenzar la carrera. Lo
demás, aunque para nosotros resulta espectacular, para los competidores
resulta triste: casi todos llegan a la primera baliza, en Mancha Real y
sólo algunos a la segunda, cuando definitivamente pinchan, poniendo los
pies en el suelo con el acelerador a tope para evitar irse p'atrás. El
despegue empieza a perder orientación y una de las mangas empieza a
asotaventarse. Malo para el colchón de la tarde.
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Eso no les baja el ánimo. Vuelven al despegue "una miaja nerviosos",
contando detalles del pequeño viaje y nos tomamos un último tentempié
antes de volver. No quisimos quedarnos a ver cual era el resultado del vuelco de datos
del GPS al
ordenador; sospechábamos que no iba a cambiar mucho la clasificación,
aunque ya sabemos, de buena tinta, que, ante el asombro de la mayoría de
pilotos, nuestro campeón quedó el 2º de la categoría absoluta, ese mismo
día, con una vela DHV2 (ahí, ahí...). Los, también extremeños, Marcos y
Eduardo quedaron el 1º y 5º en la clase DHV 2-3m (joer con los pardos).
Hemos tenido bastante con el espectáculo y nos hemos quedado con las
ganas de volar debido al aire cruzado. El reto que nos arroja el mar de
olivos de enfrente tendrá que esperar.
Para
los/as interesados/as en un mayor detalle de la clasificación, el Club de La Parra, la
expone en su web (podéis acceder desde el enlace que hay en el apartado
"Parapente").
TerrAire.
Septiembre 05.